El teatro de la memoria by Leonardo Sciascia

El teatro de la memoria by Leonardo Sciascia

Author:Leonardo Sciascia
Language: es
Format: mobi
Tags: dramaturgy
Published: 2011-09-15T22:00:00+00:00


Todo en el mundo es farsa,

farsante nato es el hombre,

en el corazón la fe flaquea,

y flaquea la razón.

¡Burlados todos! Del prójimo

se ríe todo mortal,

mas mejor se ha de reír

quien el último se ría.

Y si en Río de Janeiro seguían velando por la justicia, tampoco en Verona se dormían. Cierto es que con los años, las dudas, los repetidos y vanos intentos por reabrir el caso, el número de «canellianos» había disminuido considerablemente; mas al frente de ellos, con iniciativa y mucha indignación, permanecía Giuseppe Parisi. Era entonces teniente; cuando treinta años después, siendo ya coronel, lo conoce el periodista Sandro Doglio, no lo indignan menos la injusticia, las pruebas inútilmente acumuladas en esos treinta años, el padre Gemelli, el clero, los Bruneri. Así como Luis XIV decía: «El Estado soy yo», así a esas alturas puede él proclamar: «El caso Bruneri-Canella soy yo». Aunque no lo hace, persuadido como está de que también el pueblo italiano siga en la incertidumbre, dividido, esperando con ansia que al fin se haga justicia. El hecho de que la persona a la que él creía, más allá de toda duda, fanáticamente, Giulio Canella, y a la que la justicia colgó la falsa identidad de Mario Bruneri, muriera en Brasil llevándose a la tumba ambas identidades, no lo preocupa en absoluto. Esto es, no lo preocupa y ni siquiera se plantea la siguiente pregunta: ¿dónde está el verdadero Mario Bruneri? Pero pregunta tan sencilla, y de tan concluyente respuesta, no fue él el único que evitó planteársela. Deberíamos planteárnosla nosotros, ahora que ha pasado más de medio siglo y el tipógrafo, de seguir vivo, tendría más de cien años: ¿dónde está Mario Bruneri? ¿Sigue ocultándose por ahí, ágil centenario, o murió en la oscuridad y el anonimato?

Aunque quizá también el coronel Parisi se lo preguntó, y lleva implícita la respuesta esta afirmación suya: «¿Sabe que Bruneri era agente del OVRA?». No lo sabe el periodista Sandro Doglio, ni lo sabemos nosotros ni lo sabe nadie que carezca del fervor y la imaginación del coronel. El OVRA (Organización para la Vigilancia y Represión del Antifascismo) nació en 1928, cuando el caso Bruneri-Canella daba que hablar en toda Italia: que la policía, sustituyéndolo por el vagabundo desmemoriado, hubiera ocultado a Bruneri para servirse de él en el espionaje político que iba a institucionalizarse, es puro cuento. Pero de algún modo debía explicarse el coronel Parisi la razón de que la policía favoreciera a Bruneri hasta el punto de ocultarlo, falsificar pruebas, hacerlo pasar por un pobre desmemoriado y arremeter contra éste en cuanto vio que recuperaba la memoria; y se lo explicó cuando el fascismo había llegado a su fin. Sin embargo, tampoco fue el régimen el único artífice de la máquina infernal que hizo trizas la identidad del profesor Canella; responsable fue también, ni que decir tiene, el clero. Aunque no todo el clero, ha de distinguir el coronel, ferviente católico como es, sino sólo el mal clero, a saber: don Cane, sacerdote turinés que, según



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